Haz tu sueño en mí.

Haz tu sueño en mí.
Aún siendo una persona de 75 años, lo mandaste a llamar,
lo sacaste de su parentela rumbo a una tierra desconocida,
recibió críticas y hasta burlas, pero tú dulce voz en su corazón
fue la razón de su peregrinaje hacia la conquista de tú sueño,
crear un pueblo como las arenas del mar y las estrellas del cielo.

No tengo la edad de Abraham ni su experiencia, pero en algo
si somos iguales, ambos decidimos caminar como peregrinos
aferrados a tus promesas con el único propósito de que tú sueño
se cumpla en nosotros, haz tu sueño hoy en mí.

Tus sueños son la razón de la existencia de la humanidad;
2 generaciones luego de tú amigo Abraham, no habías olvidado la
promesa, y en una familia de 12 hermanos, escogiste al menos fuerte,
y le heredaste tu sueño; fue víctima de odio y envidia por parte de sus
propios hermanos, hasta lo vendieron a tierra extranjera; sufrió injusticias,
burlas y fue a la cárcel por algo que no cometió, pero aún así tu dulce voz lo
consolaba por las noches, y lo colocaste como Faraón, perdonando a su
familia y salvándolos de la hambruna que se acercaba; tu sueño de crear un
pueblo como las arenas del mar y las estrellas del cielo aún seguía en proceso.

Así como José, hay momentos que no entiendo las cosas que pasan a
mi alrededor, las injusticias que sufro o las decepciones causadas por
seres queridos; pero si todo esto es necesario para que tu sueño se
haga en mí, por favor procede, y nunca dejes de susurrar tu amor
en mi corazón.

Escuchaste el clamor de tu pueblo, y te acordaste de Abraham; pusiste
tus ojos, en un delincuente, en alguien que había escapado
hacia las montañas del olvido, le asignaste la misión de sacar a tu
pueblo del yugo esclavizador y llevarlo rumbo a la tierra prometida,
grandes cosas le permitiste hacer a Moises y aún en el desierto los
protegías de día y noche, mostrando tu misericordia. En algunas
ocasiones Moisés sintió desfallecer, pero tu dulce voz saciaba sus
tristezas y desesperación; aún antes de morir, lo llevaste a un monte
alto, mostrándole la tierra prometida, la cual habías prometido a tú
amigo Abraham; quisiera morir como Moises, que lo último que mis
ojos vean sea el cumplimiento de tú sueño en mí.

Y puedo seguir mencionando los hombres y mujeres que has usado para
cumplir tu sueño en la humanidad y no terminaría: Josue, Ana, Rut, David,
Elías, los profetas, entre otros; pero aunque no soy un Rey, profeta,
poeta, tengo un corazón enamorado de ti, y deseo que hagas tu sueño
hoy en mí, quiero vivir toda mi vida con esa razón y poder ser parte de
esos miles de humanos que escogiste para heredar tu sueño: crear un
pueblo como las arenas del mar y las estrellas del cielo, con la única razón
de compartir tu amor y formar una amistad con ellos.

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